dimecres, 23 de juny de 2010

Las aceras de enfrente de Luís Antonio de Villena

Soy fan desde siempre de esta emisión radiofónica por varias razones, la más importante es la gran comodidad que ofrece el poder descargar el programa y escucharlo cuando te viene en gana – gracias RNE! – luego también por supuesto por la temática que toca que siempre, en principio, me interesa profundamente (GLTB) y por último y no por ello menos importante, la razón de peso es escuchar al Sr. Villena semana tras semana con un inmenso placer.

Digo placer porque al cabo de tantas horas de conversación de Villena con sus contertulianos, el escuchante que soy yo llega a conocer las tretas obsesivas que LAdV tiende a sus invitados. Cuando has visto todas las películas de Bette Davis y algunas de ellas cinco y hasta diez veces, te sabes todos sus trucos y trampas interpretativas y esperas con anticipación lo que de seguro hará en unos segundos, con LAdV pasa lo mismo, ya te sabes todo lo que dirá y a donde canalizará la conversación que tímidamente ha sugerido el convidado para –zas- de golpe te plantifica una de sus siete grandes obsesiones, venga o no a cuento. Claro que como Bette, LAdV te puede sorprender, y no actuar como ya habías imaginado que lo haría, entonces te puede soltar una parrafada en latín, unas palabras en griego o un fragmento de teatro isabelino. Es por esto que adoro a LAdV y por nada del mundo me perdería esta hora semanal que nos regala este gobierno.

Gracias a LAdV he descubierto a muchas personas de las que no tenia conocimiento (Fuenteamor, Monleon, Salazar) otros si conocía pero nunca escuchado (Mira, Mendicutti, Pombo) en fin, lo que LAdV tanto preconiza a favor de la cultura, conmigo cumplió su efecto. Muchos libros fueron leídos y muchas músicas escuchadas gracias al programa. Impagable la canción escogida en el último Mira de la Streisand, emoción a tope.

Claro que no siempre es placentero el atender a la llamada de LAdV puesto que muchos de los programas llevan su dosis de suspense si no terror al ver a los indefensos invitados como con una habilidad retórica y envolvente se ven forzados a dar el placed a una teoría planteada que seguro ellos jamás la darían por buena.

LAdV es capaz de plantear la misma pregunta con pequeñísimas variantes dos o tres veces hasta que por agotamiento el invitado asiente resignado a un tema relativo a una de las siete obsesiones de nuestro querido LAdV. (Otro día puede que toquemos este tema)

El querer salvar la los de generación de LAdV, que es la mía, adornando a los protagonistas con un revestimiento de cultura y intrincados sentimientos hacia unas raíces que empiezan en Grecia, pasando por el renacimiento florentino y acabando en Foster y Genet es no querer ver lo que éramos. Éramos solo cuatro. Cuatro privilegiados que gracias al dinero de nuestros padres tuvimos acceso a un baño de cultura, que eso si, incrementamos por nuestros propios medios y gracias a ella hemos disfrutado de todo el placer que da la contemplación de la belleza.

Si no fuese por la lotería de nacimiento nuestra cultura hubiese estado centrada en los trozos de película que hubiésemos visto en el Madrid del cine Carretas o en el Capitol de Barcelona y poca cosa más, hambre y miedo. Nosotros tuvimos la suerte de compaginar ambos mundos el de los libros prohibidos que nos traían de Argentina, viajes a Paris y también de los sobeos del Carretas.

No por esto dejare de escuchar a LAdV ya que aún estando en muchos aspectos en sus antípodas no puedo dejar de quererle como a este primo hermano pedante y sabiondo de solo vemos dos o tres veces al año.